SRI LANKA
Arteria estrecha y deteriorada, esa es la carretera que cruza Sri Lanka, que acoge el flujo que insufla la vida a ese bello país: Tres metros escasos de ancho, presionada a ambos lados de la vía: por una parte, la vegetación – tan exuberante- hermosa e invasora, por otra, el Mar decidido a robar terreno a La Isla Resplandeciente.
Pegada a la arteria protectora, un pueblo infinito de casas descansa a sus pies; dos hileras, un solo cuerpo que intenta frenar sin tregua esa lengua verde que les desea poseer: La Jungla.
La Arteria acoge en su interior un torrente de vida que parece imposible de soportar:
Niños impolutos con ropas blancas, resplandecientes; monjes budistas con sus paraguas negros, ancianos, bicicletas; autobuses que desafían la fuerza de la gravedad, inclinándose peligrosamente por el exceso de carga que les ha tocado soportar; taxis, motos, camiones, furgonetas, perros, vacas, búfalos, lagartos, elefantes y ... turistas. Todos por el mismo pasillo: sin aceras ni señales, sin semáforos, por la izquierda –como los ingleses- lo demás – su tremenda forma de conducir, el aparente caos, el peligro incesante, sobresaltos y sonrisas- eso lo ponen ellos, los Cingaleses.
Desde Colombo, después de siete horas de sorprendente viaje – 90 kilometros-, no apto para hipertensos y cardiacos, hacia la población de Giritale, nos esperaba un rincón único, nuestro descanso merecido después de muchísimas horas de viaje: el Hotel Deer Park: casitas unifamiliares, preciosas, rodeadas de “bichitos” –algún que otro no tan pequeño- que nos hicieron poner el vello de la nuca a “bailar” más de una vez hasta descubrir que unas diminutas ardillas, que habían perdido el miedo a los humanos, también tenían reserva en el Hotel. Otros se “colaban” sin pagar: era el caso de los macacos. Según plasmó en el libro de visitas un chico de Leganes: “Son unos monos un poco cabrones”, eso dijo. Y, la verdad, un poquito sí. No sólo no pagaban estancia, ni no que nos robaban el desayuno.
El Arte de la Ayurveda, nació allí, en Sri Lanka, lo primero que hicimos después de dejar las maletas fue dirigirnos a uno de los innumerables centros en los que, por un módico precio, te regalaban un masaje ayurvédico que te hacia conectar directamente con los dioses...
Ese mismo día nos dimos un baño de cultura del país y, de paso, conocimos a nuestro guía – conductor, Karu, ¡cómo conducía! Fernando Alonso un aficionado, un “pelele” a su lado.
¡No kiss! Gritaba nuestro guía en Ankara, antigua ciudad de Sri Lanka, fundada en el año 500 a.c. por los cingaleses, plena de excelentes esculturas, presas, templos y santuarios budistas... ¡No kiss in the Temple! Seguía gritándonos Karunatiaka, nuestro guía, “Karu” para los amigos –menos mal-, a nuestros compañeros de viaje, en Luna de Miel, Jorge e Irene.
¡No fotos a Buda con vosotros al lado!, ¡no manga corta!, ¡no dar espalda a Buda! ... cosa casi imposible esta última, habían cientos de Ellos...
Los sobresaltos eran por doquier, pero nos compensaba todo lo que vimos, nuestros ojos estaban saturados de belleza, nuestros sentidos repletos de magnificencia:
Jetawarama Dogoba, uno de los estupas más grandes –76 metros- el Buda gigante de Aukana.
El venerado árbol Bo, más de 2000 años. Cuentan los cingaleses que, debajo de éste Árbol el fundador del budismo, el Príncipe Siddartha Gautama halló la iluminación que lo convirtió en Buda.
Y nuestro viaje sólo acababa de comenzar ...
Por la tarde nos esperaba una simpática sorpresa en Habarana, allí íbamos a conocer a un nuevo par de amigos: Kanasa una elefanta espectacular que, junto a Jonny, su cuidador, nos dimos una vuelta por el lago. Jonny nos hacia fotos mientras gritaba como un “poseso” ¡¡¡Anacondaaaaa!!! riéndose de los “guiris” –nosotros- como un energúmeno... cuando nuestro pies casi tocaban el agua desconocida ...
Nos invitó a pasear sobre el cuello de la elefanta y a tocarle los “pelillos” de la cabeza, meterle la mano en la boca – con cacahuetes, claro- y sentirnos, al fin y al cabo, un poco como “Sandokanes”.
El segundo día por la mañana, un buen desayuno para comenzar. Comida excelente la de Sri Lanka. No les falta de nada, verdura, fruta deliciosa, arroces, carne, excelente pescado ¡todo especialmente “Especiado”! ... les gusta esas especias tan aromáticas y el picante... el coco al lado, alivia el entumecimiento de la lengua, no se os ocurra beber agua, es igual que un mechero encendido en un bidón de gasolina .
Y... a empezar otra jornada. Nuestros sentidos volvieron a activarse al máximo, empachados de belleza por el día anterior, tuvieron que hacer un hueco muy grande para estas visitas que nos esperaban ... pantagruélico postre.
Polonnaruwa, en el centro de La Jungla, segunda capital de Lanka en el siglo XI al XII ... IMPRESIONANTE, mágica, allí el diente de Buda – venerado por los cingaleses budistas, 69%- pasó por diferentes reyes y cada uno de ellos le construía un pequeño templo para su cobijo.
Quizá lo que más me llamó la atención fue un Templo de una sola sala. Allí meditaba Buda, le faltaba la cabeza, y era COLOSAL. Karu, nos contó que antiguamente este Buda tenía un rubí de dimensiones asombrosas –y golosas- en el centro de su frente, el tercer ojo, nuestro guía nos señaló un ventanuco, desde allí, en un momento determinado del día, el sol penetraba en forma de rayo y se posaba en la joya que, a su vez, despedía cientos de rayos a figuras hechas de piedras reflectantes. Imaginarlo sólo ya era impresionante. Era evidente que la cabeza se la arrancaron para llevarse la joya ... los tamiles ... eso dicen.
Allí mismo, en Polonaruwa, Gal Vihara, es Imponente, no se si he explicado que aquí los Budas –cientos, miles- son todos guapísimos, nada de “michelines”, su figura es estilizada, hermoso de cara, jovenes ... y, si mide 14 metros, resulta asombroso. Está reclinado al lado de otro Buda meditando y otro de pie.
Por la tarde nos esperaba una dura excursión y una nueva e interesante clase cultural; la ascensión a Siguriyaque Sigmigica, la Roca del León, 200 metros de altura... 1278 escalones, eso para una”Pixa Pins” –animal de ciudad que destroza todo por donde pasa- ex fumadora como yo, era como para undirse en la más pura miseria:”No podré, no podré”...
Y.. pude. No hay palabras suficientes para describir esa fortaleza construida a las órdenes de rey Kaksapyá, que tuvo que ser un personaje algo más que pintoresco, algo mas que ego centrista, algo más que un asesino:
Mató a su padre y, para pagar su culpa y ganarse el favor del mundo budista, acercándose así al Nirvana, les colmo de ventajas y beneficios. Construyó allí su palacio y numerosos templos. Todo ello rodeado de un foso –como en los castillos medievales, pero a lo grande- que cuentan que quien “caía” allí no salía jamás. Quizá tenían que ver algo los cientos de cocodrilos que hizo colocar el personaje en cuestión. Hizo construir numerosas piscinas, tamaño olímpico que no eran sólo para él, también las compartía –era, al fin y al cabo, generoso- con sus 500 concubinas, de ellas quedan los frescos resaltando su belleza impresionante...que para fresco el tal Kaksapya, que las hacía despojarse de cintura para arriba para admirar sus pechos mientras se bañaban en las piscinas del inmenso y Versallesco jardín. Pero ahí no acaba la cosa, además mandóse construir la vivienda de verano – en el plano era arto calurosa- y ni más ni menos que se le ocurre construírsela arriba, sí, en la piedrecilla de 200 metros. Eso no se puede explicar, hay que “subirlo”.
No lo he comentado antes, pero no por ello es menos importante, todo lo contrario. La gente de Sri Lanka tiene algo especial, los turistas les atraemos, les hacemos “gracia”. Yo me quedé con sus miradas, eran limpias y parecía que querían entrar en las nuestras, después una sonrisa generosa, ese era su regalo.
Los niños, alucinantes, guapos, limpios –por dentro y por fuera- su sonrisa, el mejor de los bálsamos, y felices, muy felices...
En contra de lo que a los occidentales nos pueda parecer, a los cingaleses no les falta lo básico, más bien Lanka les colma. Son de complexión delgada y fibrada, sanos – en general- ni un solo “gordo”, ni uno solo hemos visto... a parte de algún que otro turista “Burguer King”
A nuestro guía le chiflaban los caramelos que llevábamos de La Viuda Solano – café con leche- en general los caramelos de chocolate y los dulces les “chiflan” a todos. Si alguna vez vais a Lanka y lleváis caramelos y lápices para los niños, ellos os lo agradecerán con una sonrisa hermosa. Pero guardar algo para cuando subáis a las plantaciones té, allí está la mano de los Occidentales –os suena una marca de te que empieza por H y acaba por ornimans???- los cingaleses siguen pagando su “aportación” de la carretera, a cambio de seguir explotando a la gente de forma vergonzosa, es repugnante la expoliación que sufren por parte de algunos empresarios ingleses, lo que siguen haciendo allí con ellos.
Podría seguir contando cosas de Sri Lanka ... aun nos faltan unos cuantos días.